Por: Maria T.
En Taiwán, los simulacros de defensa ya forman parte de la vida diaria. En ciudades, hospitales y oficinas se ensayan evacuaciones, rescates y ataques aéreos ficticios. Todo forma parte del plan del presidente William Lai para preparar a la isla frente a una posible ofensiva china.
China insiste en que buscará la “reunificación” y no descarta el uso de la fuerza. Mientras EE.UU. advierte que la amenaza es “inminente”, la mayoría de los taiwaneses cree poco probable un ataque en los próximos cinco años. Aun así, el gobierno aumenta el gasto en defensa y endurece el entrenamiento militar.
Las opiniones están divididas: algunos ciudadanos apoyan las medidas, recordando el caso de Ucrania, mientras otros creen que Pekín nunca atacará porque el costo sería demasiado alto. En lugares como Kinmen, a solo kilómetros de China, muchos piensan que la cercanía es más un beneficio económico que un riesgo.
Taiwán refuerza su defensa y su población aprende a convivir con simulacros, sirenas y un futuro lleno de incertidumbre.
El debate sigue abierto: ¿prepararse para la guerra evita el conflicto o provoca a Pekín?


