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Papa Francisco: “no mirar la vida y la llamada en una perspectiva de eficacia y de inmediatez, sino en el conjunto del pasado y del futuro”

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Este Jueves Santo, el Papa Francisco presidió a las 9.30 a.m. (hora de Roma), la Misa Crismal en la Basílica de San Pedro del Vaticano junto a miles de fieles, cardenales, obispos y  sacerdotes que renovaron sus promesas hechas en el momento de la Sagrada Ordenación.

Dirigiéndose a los sacerdotes presentes en la Misa, destacó que “necesitamos liberarnos de resistencias y recriminaciones, de egoísmos y ambiciones, de rigorismos e insatisfacciones, para encomendarnos e interceder ante Dios, encontrando en Él una paz que salva de cualquier tempestad”. 

“Adoremos, intercedamos y lloremos por los demás. Permitamos al Señor que realice maravillas. No temamos, Él nos sorprenderá”, afirmó.

Más tarde, destacó que en la sociedad secularizada de hoy, “corremos el riesgo de mostrarnos muy activos y al mismo tiempo de sentirnos impotentes, con el resultado de perder el entusiasmo”.

“Si por el contrario, la amargura y la compunción, en vez de dirigirse hacia el mundo, se dirigen hacia el propio corazón, el Señor no dejará de visitarnos y de alzarnos de nuevo”, explicó. 

Por último, el Papa Francisco aclaró que “la compunción no es el fruto de nuestro trabajo, sino que es una gracia y como tal ha de pedirse en la oración

Por ello, aconsejó “no mirar la vida y la llamada en una perspectiva de eficacia y de inmediatez, ligada sólo al hoy y a sus urgencias y expectativas, sino en el conjunto del pasado y del futuro”. 

También animó a redescubrir “la necesidad de dedicarnos a una oración que no sea de compromiso y funcional, sino gratuita, serena y prolongada”. 

“Gracias, queridos sacerdotes, por sus corazones abiertos y dóciles; gracias por sus fatigas y sus lágrimas, gracias por llevar la maravilla de la misericordia de Dios a los hermanos y a las hermanas de nuestro tiempo”, concluyó. 

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