Por: Maria T.
Lo que parecía una actividad literaria de La última sirena del Nanay, del periodista y escritor español Antonio Muñoz terminó revelándose como una reflexión profunda sobre el oficio y la ética. Muñoz compartió cómo su experiencia en la Amazonía peruana dio origen a su obra y cómo, para él, “el periodismo y la literatura comparten una misma raíz: la necesidad de escuchar y comprender al otro”. La responsabilidad del periodista frente al dolor humano es: contar sin apropiarse, acompañar sin invadir, narrar con respeto.
- ¿En un país como el Perú, marcado por el miedo y la desconfianza política, cree que justamente ve su libro como reflejo, aunque sea indirecto, de nuestra realidad?
Bueno, ante todo tengo que deciros que no quiero caer en hablar de temas que no conozco profundamente. Al final esto es una novela de ficción, pero creo que las realidades en nuestros países no están tan alejadas unas de las otras.
La corrupción está presente, los problemas sociales están a la orden del día en cualquier ciudad, en cualquier país, en unos están más atenuados que en otros, o son diferentes, pero bueno, al final la vida del ser humano está llena de complejidades y de dificultades que hay que sortear cada día. Entonces, evidentemente en el Perú hay una realidad social complicada, creo que hay algunos de esos aspectos que reflejo en el libro, pero cuando hablo de la complejidad de la mente humana, también voy a esas cuestiones internas, a esa realidad personal que tenemos cada uno y que son los retos de verdad del día a día. Sí, bueno, el protagonista se encuentra con un dilema ético que es la implicación personal en el caso que está investigando.
Es muy difícil trabajar en un asunto periodístico cuando te toca a ti muy de cerca. Creo que en esos casos, probablemente lo más ético cuando trabajas en una redacción es dar un paso atrás para no contaminar la información. Puede ser un soporte para otro compañero, pero es muy complicado cuando algo te toca profundamente no caer en la emotividad que puede llevarte a dejarte de la realidad de lo que realmente está pasando.
En este caso es una novela, es un periodista que no trabaja con otros periodistas, no tiene más remedio que hacerlo, y como os he contado antes, él se dedica a investigar unos sucesos que están ocurriendo y las herramientas que tiene son las del periodismo. Entonces, bueno, es una demostración de que en cualquier ámbito de la vida uno tiene que ser fiel a sus principios y seguir con esa responsabilidad que va inherente a los que nos dedicamos a esto. Bueno, creo que ambas cosas.
Al final, cuando estamos hablando de ficción, ahí creo que no estamos tan limitados a la hora de dejarnos llevar por esos sesgos ideológicos, evidentemente, porque la responsabilidad de un escritor de ficción no es equiparable a la de un periodista. Esa función social del periodismo no tiene por qué estar en la literatura. Otra cosa es que tú personalmente quieras ser fiel a esos principios, pero no tiene por qué estar.
- ¿Considera que la literatura puede funcionar como una herramienta de cambio social e incluso crítica política?
Evidentemente la literatura, cualquier expresión artística, debe buscar generar el debate y el intercambio de opiniones. El movimiento de pensamiento. Y bueno, al final es un paso más allá de lo que es el periodismo también. Esa búsqueda de confrontar opiniones, de generar debates. Creo que es fundamental en la literatura, claro.
- ¿Cómo considera la libertad de expresión dentro del ejercicio? ¿Como un derecho absoluto o como un derecho con límites?
Evidentemente hay límites éticos que vienen marcados, en el caso de España, por la propia Constitución española. En cada país hay una legislación en la que se recogen los deberes y los derechos fundamentales de las personas. Y cuando confrontan el derecho a la libertad de expresión con otros derechos fundamentales, como el del honor o el de la intimidad, hay que ponderar muy bien hasta dónde puede llegar.
Los periodistas tenemos la formación necesaria para enfrentarnos a estos dilemas éticos y legales. Por eso es importante que las personas que ejercemos el periodismo tengamos la formación en lo que trabajamos. No cualquiera puede ser periodista.
- En su libro comentaba que el personaje se veía envuelto en algunos dilemas éticos debido a que era cercano con esa situación. ¿Cómo podríamos equilibrar la búsqueda de la verdad con la dignidad y la libertad de las personas que entrevistamos y que investigamos?
Bueno, siempre que no caigamos en la manipulación, en intentar llevar la información a un punto que no es el que nuestro público requiere o necesita. No debemos olvidar que la función social está por encima de la función personal. Nuestros intereses no pueden estar por encima de los del público.
- Podría compartir un caso concreto sin revelar identidades, en el que la Asociación de Prensa de Cádiz intervino para defender tanto la libertad de expresión como los principios éticos del periodismo ante una amenaza real o simbólica.
Pues te diré que nunca ha sido mi caso, nunca he llegado a ese límite de tener que pedir amparo a la Asociación de la Prensa. Pero sí que tenemos casos en los que se intenta poner en dudas la veracidad de nuestras informaciones, desprestigiando en algunas ocasiones a las fuentes que sustentan esa información. Pero sobre todo intentando hundir la imagen personal y profesional del autor de una información.
Y eso es muy grave, porque no estás poniendo en tela de juicio la veracidad de una información. Hay que reconocer que cuando trabajamos con la palabra corremos el riesgo permanente de equivocarnos. Pero cuando se traspasa la barrera, y eso sí nos ha pasado y hemos tenido que defender a los compañeros, del honor del periodista, el periodista nunca debe ser el protagonista.
Y hoy en día se tiende a atacar al transmisor del mensaje para tirar por tierra ese mensaje. Entonces ahí sí nos hemos visto en algunos problemas y surgen muchas veces debates porque tampoco todos los profesionales del periodismo son personas que éticamente sean ejemplares. Pero sí que hay que encontrar ese equilibrio y hay que estar siempre del lado del informador.
- La libertad de expresión muchas veces choca con otros derechos como el honor o la intimidad desde la asociación de la prensa de Cádiz ¿Cómo se orienta a los periodistas para equilibrar estos derechos sin caer en la autocensura ni en el sensacionalismo?
En un punto de encuentro para los profesionales para debatir sobre lo que nos ocupa y nos preocupa eh tenemos por ejemplo a través de las que los profesionales pueden pedir amparos legales con abogados y más allá a veces la labor que hacemos con los propios compañeros. Trabajamos mucho y desde hace muchos años en algo que es fundamental que es la alfabetización mediática, es ese proceso en el que tenemos que enseñar o mostrar a sociedad cuáles son las herramientas de del periodismo real para no para huir de esas comisiones en el derecho a la intimidad que la gente aprenda a diferenciar lo que es periodismo de lo que no es y que sirve mucho.



