Por: Maria T.
El amanecer del lunes en la Universidad Nacional de San Agustín no fue ruidoso ni caótico. Fue, más bien, metódico. En los accesos principales del campus, pequeños grupos de docentes se turnaban desde tempranas horas para sostener una vigilancia silenciosa, casi ritual. No había pancartas estridentes ni arengas constantes. Solo presencia. Una huelga indefinida que, iniciada el 10 de septiembre, había aprendido a organizarse sin alzar demasiado la voz.
Aunque el campus lucía despejado y las aulas cerradas reforzaban la sensación de parálisis, el Sindicato Único de Docentes de la UNSA (SUDUNSA) confirmó que la medida de fuerza seguía firme. La decisión fue ratificada tras la asamblea nacional virtual del sábado 22 de noviembre, en la que cerca de mil docentes universitarios de todo el país acordaron no solo continuar, sino radicalizar la protesta.
Desde hace más de dos meses, la paralización marca el ritmo de la universidad. Coincidió con fechas simbólicas para la casa agustina y responde a un pliego de reclamos presentado en enero de este año que, según el gremio, fue desechado por el Gobierno Central sin abrir un espacio de diálogo. Para los docentes, ese silencio oficial fue el punto de quiebre.
«Presentamos nuestras demandas y fueron desechadas. Nunca hubo una mesa de conversación», había señalado días atrás Roger Tahua Delgado, secretario general del SUDUNSA. Una frase que se repite entre pasillos vacíos y oficinas cerradas, y que resume el malestar acumulado.
Durante la mañana, la presencia de docentes en las puertas generó expectativa. Sin embargo, lejos de impedir el tránsito, los propios profesores se organizaron por turnos y finalmente permitieron el ingreso de estudiantes y personal administrativo. “Nos alternamos para estar en las puertas, pero nunca fue la intención afectar a terceros”, comentó uno de los docentes participantes en la medida. El gesto buscó desmentir versiones de bloqueo total y reforzar la idea de una protesta disciplinada.
Las exigencias del magisterio universitario se mantienen intactas: la aprobación del convenio colectivo, una escala salarial acorde con la formación académica y la carga laboral, y un mayor presupuesto para garantizar el funcionamiento real de las universidades públicas. A ello se suma una demanda postergada por más de una década: la ejecución de procesos de ascenso y cambio de régimen docente.
En el plano nacional, la Confederación Nacional de Docentes Universitarios del Perú (CONFENDUP) propuso un incremento salarial de 2 000 soles. La respuesta del Ministerio de Educación, tras una reunión sostenida el 19 de noviembre, fue una oferta de 700 soles, considerada insuficiente y secundaria frente al problema de fondo.
«El tema salarial es importante, pero el punto principal es el presupuesto», insistió Tahua este lunes 24. La preocupación está puesta en la discusión del Presupuesto General de la República que se realizará esta semana en el Congreso. Para los docentes, un recorte significaría laboratorios desabastecidos, servicios limitados y una universidad que apenas sobrevive.
La UNSA ha optado por una postura institucional cuidadosa. Mediante comunicados oficiales, reconoció el derecho constitucional a la huelga y exhortó a que las protestas se desarrollen dentro del marco legal, al tiempo que pidió al Ejecutivo atender las demandas del sector. También autorizó, de forma excepcional, la continuidad de clases virtuales para quienes decidieran no acatar la medida, aunque la respuesta fue mínima.
Pese al desgaste, el gremio reconoce algunos avances: una ley que permite a las universidades públicas reprogramar su presupuesto y la expectativa de un decreto supremo que precise los incrementos anunciados. No obstante, la falta de acuerdos concretos mantiene la tensión.
En la UNSA, la huelga indefinida ya no se expresa solo en aulas vacías. Se manifiesta en turnos organizados, en vigilias discretas y en una espera colectiva por decisiones que se tomarán lejos del campus, pero que definirán su futuro inmediato. A más de dos meses de iniciada, la protesta no solo resiste: se ordena y se sostiene en silencio.



