Por: Miluz Tito Carcausto
En Arequipa, según el Ministerio de Salud (Minsa), el 97% de los establecimientos del primer nivel no cuenta con una capacidad instalada adecuada. Esto se traduce en que muchos puestos y centros de salud operan con infraestructura antigua, equipamiento limitado y poco personal.
“La limitada capacidad del primer nivel de atención en Arequipa, además de afectar la salud, también golpea la economía. Si el 97% de estos establecimientos no funciona adecuadamente, más personas no pueden atender a tiempo. Fortalecer el primer nivel no es solo una mejora sanitaria: es esencial para que la región pueda continuar creciendo”, explicó Giacomo Puccio, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Cuando una persona no recibe atención adecuada, el cuidado en casa se vuelve más demandante: hay que estar pendiente de síntomas, medicación y controles, lo que implica menos descanso y menos tiempo para otras responsabilidades.
Este desgaste, tanto físico como emocional, suele pasar desapercibido, pero en la práctica profundiza desigualdades y afecta el bienestar de las familias en muchas regiones del país.
“La situación que atraviesa la región termina formando un círculo difícil de romper. Cuando las familias no logran acceder a atención oportuna, no solo cargan con la preocupación y el desgaste que genera una enfermedad que podría haberse tratado antes, sino también con mayores gastos y menos tiempo disponible para trabajar o estudiar.
Esta combinación debilita sus ingresos y reduce su capacidad de cubrir otras necesidades básicas, afectando su bienestar integral, con hogares menos resilientes, menor dinamismo laboral y una región que avanza más lentamente de lo que podría si contara con un sistema de salud capaz de responder a tiempo”, finalizó Puccio.
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