Por: Maria T.
En India, millones de mujeres están recibiendo cada mes una suma pequeña pero constante que está cambiando silenciosamente sus vidas. Sin importar si trabajan o no, ellas reciben transferencias monetarias directas del gobierno, un experimento social masivo que ya alcanza a 118 millones de beneficiarias en 12 estados. Para muchas, como Premila Bhalavi, esos 1 500 rupias mensuales significan medicinas, comida, educación y, sobre todo, autonomía.
El programa, que otorga entre US$12 y US$30 al mes, reconoce el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que las mujeres realizan a diario. Sin condiciones y depositado directamente en sus cuentas bancarias, el dinero ha generado efectos sociales inesperados: más control financiero, menos conflictos en el hogar y una nueva capacidad para tomar decisiones. Aunque los montos son modestos, su regularidad ofrece seguridad en un país donde las mujeres realizan 7 veces más tareas domésticas que los hombres.
Las transferencias también han transformado la política. En estados como Bihar, Maharashtra u Odisha, los pagos masivos a mujeres han influido en elecciones, aumentado la participación femenina y empujado a partidos a competir con promesas de más apoyo económico. Críticos hablan de clientelismo y riesgo fiscal, pero investigadoras señalan que estos programas, aunque limitados, devuelven dignidad y no desincentivan la búsqueda de empleo remunerado.
Los estudios disponibles coinciden: las mujeres gestionan solas el dinero y lo destinan a comida, educación y salud, sin abandonar sus aspiraciones laborales. Los expertos advierten que aún falta simplificar los requisitos, fortalecer la educación financiera y acompañar las transferencias con oportunidades reales de trabajo. Aun así, esta “revolución silenciosa” ya muestra algo claro: pequeñas sumas, entregadas directamente a las mujeres, pueden mover estructuras sociales que parecían inmóviles.


