El Transporte en Arequipa y la brecha entre ciudadanos

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El 13 de marzo del 2026 se marcó un hecho trascendental en Arequipa. Ese día, el transporte empezó a sentirse distinto. En los grifos, el costo del combustible pasó de S/ 13.20 a S/ 19.90. Un precio que afectaría no solo al transporte, sino a una población completa. Esta situación reveló un problema normalizado en la sociedad: la falta de empatía.

EL SIT: ENTRE LA PROMESA Y LOS COSTOS

El SIT, también denominado “Sistema Integrado de Transportes”, surgió en 2012 con la finalidad de mejorar la calidad del transporte urbano en la Ciudad Blanca. Esto obligó a los propietarios a dejar las “chatarras” y adquirir unidades que coincidieran con los requerimientos del contrato.

Un contrato que, como ha señalado el actual alcalde Hugo Rivera, es de carácter privado. Esto implica que la relación entre el municipio y las empresas operadoras se rige bajo condiciones contractuales específicas. No está bajo un esquema directo de subsidio estatal.

Este detalle no es menor. Permite entender por qué, ante situaciones como el incremento del combustible, los transportistas no reciben un bono económico o apoyo inmediato por parte del Estado.

Volviendo al tema de las «chatarras». Antes del SIT, Arequipa estaba marcada por la presencia de carros antiguos, con asientos a punto de caerse y tubos de escape que emitían humo sin control. Además, había constantes fiscalizaciones a estos vehículos.

Estas escenas se caracterizaban por propietarios que, entre lágrimas, rogaban para que no se lleven sus herramientas de trabajo. También había choferes que se metían debajo de los carros y se aferraban con fuerza a sus “chatarras” para evitar que el municipio se las lleve al depósito.

Ahora bien, el SIT surgió bajo la predisposición de alcaldes como Alfredo Zegarra y Omar Candia, ambos cuestionados por transportistas. En el primer caso, Zegarra estuvo envuelto en presuntos beneficios dirigidos y decisiones poco transparentes para la adquisición de rutas. El exalcalde habría enfrentado un dilema ético y moral al, presuntamente, brindar y trazar un camino favorable para diversos empresarios que terminarían obteniendo la licitación. Esto se dio a conocer en 2018 con la difusión de audios que darían cuenta de la presunta comisión de delitos para concertar con empresarios y elegir al ganador.

Por su parte, Omar Candia, exprófugo de la justicia, ratificó en 2022 que gracias a su gestión se logró la instauración del SIT. Esto habría obligado a fijar una tarifa única de S/ 1.00.

Actualmente, esta tarifa también contó con el respaldo del burgomaestre Hugo Rivera. En un inicio, él indicó que no debía modificarse. Sin embargo, días después hizo un llamado a los usuarios y transportistas para dar a conocer sus posturas en un debate realizado el jueves 19 de marzo. Este debate tuvo un carácter más informativo que resolutivo, ya que no se definió si habría o no un aumento del pasaje.

En ese espacio se escuchaban bombardas y gritos, pero eran gritos donde predominaban dos voces: la del transportista solicitando el aumento del pasaje debido al incremento del combustible, y la del usuario exigiendo que se respete el sol, con carteles que decían: “No al aumento del pasaje, que se respete el sol”. Sin duda, eran percepciones distintas.

Las llamadas «Horas punta»

El periodismo de inmersión me llevó a preguntar e indagar sobre la salida de los carros. Me concentré en algunas de las rutas que pude analizar, entre ellas: Characato, 4 de Octubre, San Agustín y Los Canarios. Estas empresas varían en cuanto a su hora de salida, ya que cada una cuenta con recorridos totalmente distintos.

Algunas, como Characato y Los Canarios, empiezan su jornada entre las 4:00 y 5:00 horas. En ciertos casos, incluso el primer carro puede salir desde las 3:45 a. m. En cambio, rutas como 4 de Octubre y San Agustín inician alrededor de las 5:20.

Cada empresa tiene recorridos diferentes. Varias de ellas cuentan con rutas extensas. La empresa Characato, por ejemplo, abarca zonas como Quequeña, Yarabamba, Yumina y Horacio Zeballos. En estos casos, los tiempos no son cortos. Una vuelta completa puede durar entre 3 horas y 5 minutos hasta 3 horas con 10 minutos, dependiendo de la ruta específica.

La empresa 4 de Octubre tiene tres rutas (Terminal, Feria y Cayma); esta última implica un recorrido de aproximadamente dos horas, lo que obliga a choferes y cobradores a abstenerse de ir a los servicios o comer con tranquilidad en caso lo requieran.

Usualmente, los carros no cuentan con una demanda suficiente que permita cubrir el gasto en combustible por vuelta, excepto en las llamadas “horas punta”, como mencionan los choferes. Estas se dan en horarios específicos, como las 7:00, 12:00, 15:00, 17:00 y, ocasionalmente, a las 18:00 y 20:00 horas. Sin embargo, esto puede variar dependiendo del día, ya que existen jornadas “bajas” y otras para “rayar”, diferenciadas por la presencia de su principal cliente: el usuario.

CUANDO EL COMBUSTIBLE LO CAMBIA TODO

De acuerdo con declaraciones de la directora del gremio de transportistas, Patricia Velásquez, el precio del petróleo registró un incremento cercano al 100%. Antes se pagaba S/ 13.20 por galón, mientras que actualmente alcanza aproximadamente los S/ 22.00.

Además, cada unidad requiere entre 11 y 18 galones diarios, dependiendo del tamaño del vehículo, ya que existen unidades con mayor capacidad y, por ende, mayor consumo. Esta situación llevó a muchos choferes a dejar de operar, debido a que el ingreso ya no resultaba suficiente para cubrir los costos.

Por otro lado, Velásquez también señaló que en noviembre de 2025 se presentó una solicitud formal ante la municipalidad para el incremento del pasaje, proponiendo una tarifa de S/ 1.27. Sin embargo, dicho pedido no obtuvo respuesta por parte de la autoridad local.

Asimismo, advirtió que el pasaje se ha mantenido sin variaciones desde el año 2017, lo que representa una continuidad de ocho años con una tarifa de S/ 1.00.

EL MITO DE LOS S/ 500 DIARIOS

En plataformas como Facebook y TikTok se difundieron videos en contra de los transportistas, acompañados de comentarios que afirmaban que, gracias a esta actividad, podían llegar a ganar hasta S/ 500 diarios.

Ante ello, realicé un análisis directo sobre el dinero que se recauda en una jornada. Para ello, abordé una unidad de la empresa 4 de Octubre y observé cuánto se obtiene por cada recorrido o “vuelta”. En condiciones de baja demanda, la ganancia por vuelta oscila entre S/ 60 y S/ 80; mientras que, en escenarios favorables, puede alcanzar entre S/ 100 y S/ 180. En promedio, una unidad realiza entre 4 y 5 vueltas por día.

Sin embargo, no todas las vueltas generan el mismo ingreso. Considerando los horarios de mayor demanda, se puede estimar que, en un día regular, solo una vuelta alcanza el máximo de S/ 180, mientras que las demás se mantienen en un promedio menor. Esto responde a que los turnos están previamente asignados y no siempre coinciden con las horas de mayor afluencia, además de la existencia de días con baja demanda.

Bajo este escenario, se plantea el siguiente cálculo: una vuelta con ganancia de S/ 180 y cuatro vueltas adicionales con un promedio de S/ 90 cada una, lo que da un ingreso bruto diario de aproximadamente S/ 540.

A partir de este monto, se deben descontar los gastos operativos. En la unidad observada, se requerían 11 galones de combustible por jornada. Considerando un precio promedio de S/ 21 por galón, el gasto asciende a S/ 231 diarios. A ello se suman los gastos de alimentación: desayuno, almuerzo y cena, tanto del chofer como del cobrador, lo que representa aproximadamente S/ 48 diarios. Asimismo, se considera una cuota de control de S/ 10 y un servicio de limpieza valorizado en S/ 5 diarios.

Con estos descuentos, el ingreso se reduce a S/ 246 diarios.

Ahora bien, es necesario incorporar el pago al personal. El chofer percibe un mínimo de S/ 110 diarios, mientras que el cobrador recibe aproximadamente S/ 80 diarios, ambos bajo jornadas extensas que superan las 14 horas de trabajo.

Al restar estos montos, el resultado final es de aproximadamente S/ 56 diarios.

Esta cifra contrasta directamente con lo que se afirma en redes sociales. No se trata de ganancias de S/ 500 diarios, sino de un margen reducido que, además, no contempla gastos adicionales como mantenimiento del vehículo, repuestos o posibles fallas mecánicas.

Además de instaurarse un discurso en redes sociales sobre las supuestas ganancias elevadas de los transportistas, también circuló un chat que reforzaba esta idea. En diversas publicaciones se afirmaba que conductores llegaban a ganar hasta S/ 500 diarios, mostrando conversaciones donde incluso celebraban el incremento del pasaje.

Sin embargo, esta información resultó ser falsa. Una verificación realizada por el medio Pancarta.pe evidenció que dicho chat no correspondía a la realidad de Arequipa, sino a conversaciones originadas en Lima. Las empresas mencionadas en la captura, Levaro S.A.C. y Transportes San Pablo, operan exclusivamente en la capital y no forman parte del Sistema Integrado de Transportes arequipeño.

Asimismo, mediante herramientas de búsqueda inversa, se determinó que estas publicaciones ya circulaban en redes limeñas al menos dos días antes de difundirse en Arequipa, lo que confirma que fueron sacadas de contexto y posteriormente atribuidas a la situación local.

A pesar de ello, el contenido se viralizó rápidamente, siendo replicado por páginas y medios locales, lo que contribuyó a reforzar una percepción negativa hacia los transportistas en medio del conflicto por el aumento del pasaje.

En ese sentido, no solo se generó un debate en torno al costo del transporte, sino también un escenario de desinformación que distorsionó la realidad económica del sector y profundizó la tensión entre usuarios y conductores.

VIAJAR COMO SE PUEDA

“¡Sube rápido, flaquita! ¡Al toque!” eran las palabras de un cobrador mientras subía y buscaba un lugar “seguro”, cuidando mi cartera y vigilando que ningún varón se coloque detrás de mí para agarrarse del pasamanos y fingir que la gravedad lo empujaba. Estos son algunos de los problemas de los que se queja el usuario: viajar como “sardinas” o sin poder respirar.

La Ley N.° 26271 regula el medio pasaje para los universitarios; sin embargo, en muchas ocasiones los estudiantes se ven expuestos y obligados a pagar S/ 1.00 sin que se respete el carné universitario.

“¡Por favor! Solo llevaré esta bolsita, no pesa, lo pondré adelante”, eran las palabras de una adulta mayor que solicitaba subir. Muchas veces no se les brinda la oportunidad, ya sea porque demoran en subir o porque existe el temor de que puedan caerse.

Pero también debo recalcar que, en ocasiones, me tocó subir en la combi naranja que recoge a universitarios en la zona de Avelino Cáceres para llevarlos a la Universidad Nacional de San Agustín (Av. Venezuela), y muchas veces me encontré con señoras que llevaban hasta cuatro bolsas, ocupando el espacio y dificultando el paso, al mismo tiempo reclamaban: “¡Cuidado! Avanza pues, no vayas a pisar mi bolsa”. Incluso en una ocasión llevaban bolsas con pescado, y terminé oliendo a un buen ceviche carretillero.

No importa, los olores se van.

UNA CIUDAD QUE NECESITA ENTENDERSE

La empatía requiere pensar en el otro y ponerse en su lugar. Si eres transportista, piensa como usuario: ¿Te gustaría viajar aplastado, incómodo, sin espacio, o quedarte en el paradero sin que nadie te recoja? Pero si eres usuario, también cabe una pregunta: ¿Trabajarías durante más de 14 horas sin obtener una ganancia real que justifique tu esfuerzo?

Ambas partes deben detenerse a analizar su posición y reconocer que, en el fondo, no se trata de bandos opuestos. Son ciudadanos enfrentándose a ciudadanos, cuando en realidad comparten la misma ciudad, las mismas calles y, muchas veces, las mismas dificultades. El transportista no es ajeno a la ciudadanía; es parte de ella.

En ese contexto, la responsabilidad no puede recaer únicamente en quienes operan o utilizan el servicio. La Municipalidad Provincial de Arequipa y las entidades públicas tienen el deber de asumir un rol activo. No solo como mediadores, sino como actores que deben proponer soluciones reales y sostenibles, capaces de beneficiar a todos los involucrados.

Porque más allá del precio del pasaje o del costo del combustible, lo que está en juego es la convivencia en una ciudad que necesita dejar de enfrentarse para empezar a entenderse. Y quizás ahí, en ese punto de encuentro, esté la verdadera salida: un sistema donde el transporte no sea motivo de conflicto, sino una oportunidad para avanzar juntos.

Por: T.C