Por: Maria T.
Una tormenta de polvo histórica azotó Nuevo México en 2025, dejando carreteras colapsadas, visibilidad nula y múltiples heridos. Lo que parecía un fenómeno aislado terminó revelando un problema mayor: el “infierno de polvo” que se expande por Estados Unidos y el mundo a causa de la sequía y el cambio climático.
Los científicos advierten que estas tormentas son cada vez más frecuentes, más extensas y más peligrosas. Arrastran partículas que afectan la salud, propagan enfermedades y oscurecen ciudades enteras. Incluso pueden teñir de rojo la lluvia y acelerar el deshielo al cubrir la nieve. La amenaza ya no se limita al desierto: alcanza desde el Caribe hasta Europa.
En Estados Unidos, los costos por daños agrícolas, transporte y salud superan los US$154 mil millones al año. Pero no todo es desastre: ecólogos y autoridades en Nuevo México están tratando de “revivir” suelos degradados, sembrando vegetación nativa y creando depresiones que capturen agua para frenar el polvo. En algunas zonas, la cobertura vegetal ya creció más de 40%.
El gran desafío es que muchas de estas tierras son privadas o usadas para pastoreo, lo que dificulta su recuperación. Aun así, expertos coinciden en que mitigar estas tormentas debe ser una prioridad climática tan urgente como los incendios, huracanes o inundaciones. El polvo ya dejó de ser un fenómeno natural: ahora es una amenaza global.


