Por: Maria T.
Venezuela amenaza a varias aerolíneas con revocar sus derechos de tráfico si no reanudan sus vuelos al país en 48 horas. La Autoridad de Aviación Civil (INAC) emitió la advertencia después de que compañías como Avianca, Latam, Iberia, TAP y Turkish suspendieran sus operaciones por las alertas de seguridad emitidas por la FAA estadounidense. Detrás del anuncio, la retórica geopolítica cobra fuerza: Caracas acusa a la presencia militar de EE.UU. en el Caribe de provocar el éxodo aéreo.
La advertencia implica retirar los permisos de despegue y aterrizaje en los aeropuertos venezolanos, una medida drástica ante una situación ya delicada. La IATA ha reaccionado advirtiendo que una medida así podría erosionar aún más la conectividad de Venezuela, que ya se encuentra por debajo de otros países de la región. Para la asociación, la suspensión de vuelos fue una decisión tomada tras exhaustivos análisis de riesgo, con el fin de proteger la seguridad de pasajeros y tripulaciones.
El trasfondo diplomático es evidente: mientras Caracas acusa a EE.UU. de agresión, las aerolíneas responden que su retirada no es un boicot, sino una cuestión de seguridad real en el espacio aéreo controlado desde Maiquetía. Representantes de las líneas aéreas y funcionarios venezolanos, según fuentes oficiales, ya han mantenido reuniones para intentar normalizar la situación y restablecer vuelos.
El riesgo es más que comercial: cada cancelación profundiza el aislamiento internacional y priva a la población local de conexiones fundamentales. En un escenario de alta tensión militar y aérea, el próximo movimiento puede definir el rumbo de la aviación venezolana.


