Por: Maria T.
Beijing es escenario de un imponente desfile militar encabezado por Xi Jinping para conmemorar los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial.
La ceremonia, de 70 minutos en la plaza de Tiananmen, mostró miles de soldados, artillería y cantos patrióticos en un espectáculo cargado de simbolismo político.
Lo más llamativo fue la presencia de Vladímir Putin y Kim Jong-un, quienes acompañaron a Xi en la tribuna principal. La propaganda oficial lo presentó como un gesto de “unidad”, aunque en la práctica reflejó la cercanía de tres regímenes señalados por represión interna, violaciones de derechos humanos y choques con Occidente.
En su discurso, Xi defendió la autosuficiencia y el poder de China, enviando un mensaje directo a las potencias occidentales: “El rejuvenecimiento de la nación china es imparable y la causa de la paz y el desarrollo de la humanidad prevalecerá”.
El lugar elegido no pasó desapercibido: Tiananmen, epicentro de represión de 1989, convertido ahora en vitrina para proyectar fuerza militar y unidad con sus aliados más cercanos.


