Por: Andrés Huayta
El licenciado Henry Suñiga Landazuri, psicólogo especializado en temas de familia y pareja, además de maestrista en psicología forense, explicó en una reciente entrevista los detalles de una condición poco conocida pero cada vez más frecuente: la misofonía.
Este síndrome, aún no clasificado oficialmente como trastorno en el manual DSM-5, se caracteriza por una reacción emocional intensa ante sonidos cotidianos específicos. No se trata de un problema auditivo, ya que los estudios han revelado que las personas con misofonía tienen un sistema auditivo saludable. El problema parece radicar en cómo el sistema nervioso central interpreta ciertos sonidos.
Según explicó el psicólogo, la misofonía es un fenómeno multifactorial. Tiene componentes neurológicos —especialmente relacionados al sistema límbico, encargado de procesar emociones—, pero también psicológicos. La reacción suele ser selectiva: no todos los sonidos generan molestia, sino algunos muy específicos, como el masticar, respirar fuerte, ronquidos, o incluso el clic de los dedos.
“No es lo mismo que la fonofobia, donde hay miedo a todos los sonidos”, aclaró el especialista. En cambio, la misofonía se manifiesta con emociones de rechazo, ansiedad, ira o desesperación ante ruidos particulares, incluso cuando son leves o imperceptibles para otros.
Uno de los aspectos más complejos de esta condición es su carácter irracional. La persona reacciona de forma exagerada frente al estímulo auditivo, incluso si este no representa una amenaza real. “El ruido de una moto, por ejemplo, puede desencadenar malestar, aunque objetivamente no haya nada grave en ello. Lo que lo vuelve problemático es la intensidad de la reacción emocional”, indicó.
Estudios recientes estiman que hasta un 20% de la población presenta algún grado de misofonía, principalmente en formas leves. Los síntomas más comunes incluyen irritabilidad, dificultad para concentrarse, respuestas físicas como fruncir el ceño, taparse los oídos, alejarse del estímulo o incluso verbalizar el malestar. En casos graves, puede derivar en reacciones violentas o en aislamiento social.
También se discutió el impacto en las relaciones interpersonales. Personas con misofonía pueden evitar comer con la familia, asistir a reuniones o dormir junto a su pareja si alguno de los sonidos que les generan rechazo están presentes. Esto puede derivar en discusiones constantes, malentendidos o incluso rupturas. “Imagina vivir con alguien cuya respiración te genera ansiedad. Es un desgaste emocional constante”, señaló.
Respecto a las causas, el especialista indicó que se barajan varias hipótesis. Algunas apuntan a factores genéticos o hereditarios; otras, a experiencias tempranas donde ciertos sonidos quedaron asociados a emociones negativas. El condicionamiento también puede influir: si un sonido estuvo ligado a una persona o situación desagradable, el rechazo podría haberse aprendido.
Sobre el tratamiento, se aclaró que no existe una cura definitiva ni medicamentos específicos para la misofonía. Sin embargo, algunos ansiolíticos pueden ser útiles en casos severos para controlar la ansiedad. La psicoterapia, en especial las técnicas de desensibilización, exposición gradual y reestructuración cognitiva, han mostrado buenos resultados para ayudar a los pacientes a gestionar su malestar.
Finalmente, para confirmar el diagnóstico, es indispensable descartar primero cualquier alteración física del oído. Por ello, el primer paso recomendado es acudir a un otorrinolaringólogo. Una vez que se comprueba que la audición está en buen estado, se debe acudir a un psicólogo o psiquiatra con experiencia en este tipo de cuadros.
La misofonía es una condición real que puede afectar significativamente la calidad de vida de quienes la padecen. Reconocer sus síntomas, entender su origen y buscar acompañamiento profesional son pasos clave para vivir con mayor bienestar y comprensión.


