Por: Maria T.
En Arequipa, la cara del VIH está cambiando. Lo que muchos asociaban exclusivamente con adultos ahora se abre paso con fuerza entre adolescentes. En 2025, autoridades sanitarias confirmaron que al menos diez menores de entre 16 y 17 años fueron diagnosticados con VIH. Este dato rompe con viejas percepciones: la enfermedad ya no “atiende” solo al adulto, también se cuela en una juventud que creía inmune.
Esta realidad se suma a los cientos de casos que la región registra cada año. Hasta 2022, las estadísticas mostraban una tasa de notificación de 20.28 casos por cada 100 000 habitantes en Arequipa, según informes del sistema nacional de vigilancia epidemiológica. Aunque las cifras pueden variar, lo cierto es que los nuevos diagnósticos se mantienen firmes. Por ejemplo, en 2022 se detectaron alrededor de 120 nuevos casos.
¿Por qué esta entrada del VIH en edades cada vez más tempranas? Las razones parecen repetirse: desinformación, mitos sobre sexualidad, subestimación del riesgo, falta de educación sexual integral y escasez de campañas de prevención focalizadas. En un estudio reciente en Arequipa sobre actitudes frente a las ITS, se demostró que un buen porcentaje de jóvenes varones exhibe conocimientos medios o bajos, lo que favorece conductas sexuales de riesgo.
Es urgente reconocer que este no es un problema aislado, sino un signo de alerta para toda la comunidad. Adolescente con VIH no es solo un número: es una llamada de atención sobre los vacíos en educación sexual, sobre la vulnerabilidad de quienes crecen sin información clara ni acompañamiento.
Pero atención: no basta con lamentar cifras. La prevención debe transformarse en acción concreta. Arequipa necesita campañas sostenidas (en colegios, barrios, redes sociales) que informen sin estigma, que expliquen la importancia de usar protección, de hacerse la prueba, de romper tabúes sobre sexualidad responsable. Así mismo, los servicios de salud deben ser accesibles: pruebas gratuitas, orientación confidencial, acompañamiento ético.
El estigma sigue siendo una barrera gigante. Muchos jóvenes no acuden al diagnóstico por temor, vergüenza o prejuicio social. Y en ese silencio crece el contagio. Al hablar de VIH en adolescentes, hablamos también de vulnerabilidad, de invisibilidad generacional, de una falla colectiva en prevención.
Como periodistas, ciudadanos o estudiantes: tenemos la obligación de visibilizar esta realidad. No solo desde el sensacionalismo, sino desde la responsabilidad: con datos, con respeto, con conciencia social. Arequipa merece una juventud informada, protegida y libre de miedo.
El VIH ya no es cosa de adultos. Es una urgencia para el presente. Y si no actuamos ahora, con educación, empatía y políticas claras, Arequipa correrá el riesgo de perder su salud colectiva por un silencio que podría evitarse.



